Reina en mi espíritu una alegría admirable, muy parecida a las dulces
alboradas de la primavera, de que gozo aquí con delicia.
Estoy solo, y me felicito de vivir en este país, el más a propósito para almas
como la mía,soy tan dichoso, mi querido amigo, me sojuzga de tal modo
la idea de reposar,que no me ocupo de mi arte.
Ahora no sabría dibujar, ni siquiera hacer una línea con el lápiz;
y, sin embargo, jamás he sido mejor pintor cuando el valle se vela
en torno míocon un encaje de vapores; cuando el sol de mediodía centellea
sobre la impenetrable sombra de mi bosque sin conseguir otra cosa que filtrar
entre las hojas algunos rayos que penetran hasta el fondo del santuario,
cuando recostado sobre la crecida hierba,cerca de la cascada, mi vista,
más próximaa la tierra, descubre multitud de menudas y diversasplantas.
Cuando siento más cerca de mi corazón los rumores de vida de ese pequeño mundo
que palpita en los tallos de las hojas, y veo las formas innumerables e infinitas
de los gusanillos y de los insectos; cuando siento, en fin, la presencia del Todopoderoso,
que nos ha creado
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